Después del carbón, el reto es el ‘¿Ahora, qué?’

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El grupo portugués EDP fue noticia el pasado 15 de julio por adquirir el 75,1% de las redes eléctricas de Viesgo al fondo australiano Macquarie. Pero más allá de las grandes operaciones corporativas, también destacó, pocas horas antes, el anuncio de que solicitará el cierre de su central térmica Soto 3 (Asturias), que no produce energía desde hace un año por la pérdida de competitividad de las instalaciones de generación con carbón. Al mismo tiempo, EDP anunció que también adelanta la clausura de la central térmica de Sines, al sur de Lisboa, que ahora está prevista para el próximo enero, cuando cumplirá un año sin funcionamiento. 

Esta noticia es otra prueba de que ha empezado la cuenta atrás para la desaparición del carbón del panorama energético peninsular. En el comunicado en el que explica la noticia, el grupo portugués dice que “con el incremento constante de los costes de producción con carbón y la mayor competitividad del precio del gas natural y las centrales de ciclo combinado, las perspectivas de viabilidad de las centrales de carbón han disminuido de forma drástica». Ya a finales de junio siete centrales térmicas españolas de carbón dejaron de estar operativas: Compostilla (León) y Andorra (Teruel), de Endesa; Velilla (Palencia) de Iberdrola; Narcea (Asturias), La Robla (Léon) y Meirama (A Coruña) de Naturgy; y Puente Nuevo (Córdoba) de Viesgo. Y otras cuatro centrales avanzan en sus trámites para el cierre definitivo. Son Lada (Asturias), propiedad de Iberdrola, Los Barrios (Cádiz, Viesgo), As Pontes (A Coruña, Endesa) y Litoral (en Almería y también de la filial española de la italiana Enel).

Este momento de transición energética es una enorme oportunidad para apostar por una economía más sostenible, en línea con los requisitos de la Unión Europea y los Acuerdos de París. Pero al mismo tiempo, como explicaba recientemente el economista Javier Santacruz, socio de nuestra asociación, también existe un riesgo: el de primar un enfoque poco ambicioso y cortoplacista, que simplemente cubra los costes de la transición mediante planes europeos y no centre en la necesaria reconversión industrial hacia fuentes de generación limpia. 

Por eso resulta interesante un añadido al anuncio de cierre anticipado por parte de EDP: su promesa de estudiar para el emplazamiento de la central de Soto de Ribera el desarrollo de proyectos innovadores para el almacenamiento de energía”, si bien no se dan detalles. Encontrar mejores soluciones tecnológicas para el almacenaje de las renovables es clave para el desarrollo de una economía verde.  El carbón ya casi es pasado; el reto es construir un futuro sostenible, en lo social, lo medioambiental y en lo económico. Para lograrlo necesitamos audacia, debates sin maniqueísmos y una mirada a largo plazo.

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