Movilidad y calidad del aire en las grandes ciudades: el caso de Madrid

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Conforme se recupera la actividad económica tras el confinamiento, se disipa el espejismo: la calidad del aire en las ciudades vuelve a ser un motivo de preocupación. En economías urbanas ligadas al sector servicios, como sucede mayoritariamente en España, es un debate prácticamente inseparable de el de la movilidad. 

De momento, el inicio del verano y la economía al ralentí mantienen el problema a raya. Pero, si el Covid 19 no vuelve a provocar nuevos confinamientos, la situación se complicará en septiembre, cuando regresen los colegios. En las grandes ciudades, donde hay motivos fundados para sospechar que los medios de transporte han sido grandes focos de transmisión de la pandemia, la situación se puede agravar si los ciudadanos que pueden elegir optan cada mañana por el vehículo privado frente al autobús o el metro. 

Por eso es clave que la apuesta por la movilidad sostenible en las ciudades ocupe de nuevo un lugar importante en el debate público. Y con una mirada holística, que también tenga en cuenta la generación y distribución de la energía que consumen los vehículos de una gran urbe. El panorama se ha sofisticado con la llegada de la movilidad eléctrica, una alternativa cada vez más interesante. 

En el caso de España, el caso de estudio más llamativo es Madrid, y no solo por su tamaño e importancia económica. 

Durante la campaña electoral de las elecciones municipales, hace poco más de un año, uno de los grandes temas fue Madrid Central, la zona de acceso limitado para vehículos que la alcaldía dirigida por Manuela Carmena aprobó en septiembre de 2017, como parte del llamado Plan A de Calidad del Aire. 

El nuevo Gobierno municipal intentó revertir esa medida, pero finalmente tuvo que desistir, resoluciones judiciales mediante. Poco después, en septiembre de 2019, presentó su alternativa, bautizada como Madrid 360, pendiente de una aprobación definitiva en el Pleno del Ayuntamiento que se prevé complicada. 

Qué es Madrid 360

Madrid 360 es un conjunto muy amplio de medidas; de hecho, va mucho más allá de la movilidad. Conceptualmente, el Ayuntamiento lo presenta como la continuación de la Estrategia Local de Calidad del Aire, de 2006, y de los Planes de Calidad del Aire 2011-2015 y 2015-2019. 

En lo referente a movilidad, partiendo de un punto de partida medioambiental claramente mejorable -el parque de vehículos de la ciudad está dominado por los diésel, y la de antigüedad media es de 9,3 años-, el aspecto más polémico es la relajación de las medidas restrictivas a la circulación de los vehículos con etiqueta C en Madrid Central. 

No hay una especial apuesta por incentivar el uso de los vehículos eléctricos entre los vecinos de la ciudad, pero sí algunos apuntes. Se reconoce que la red actual de puntos de recarga es insuficiente, tanto en la vía pública como en recintos municipales. Y se prevé la puesta en marcha de ayudas por cinco millones de euros anuales para la instalación de puntos de recarga eléctrica en oficinas y comunidades de propietarios. 

Además, el plan prevé fomentar el uso de vehículos eléctricos para tareas logísticas, asegurando la disponibilidad de plazas para la distribución de mercancías y servicios de vehículos compartidos eléctricos en los aparcamientos municipales. También se hará un esfuerzo en reforzar las infraestructuras de recarga para vehículos de distribución de mercancías en aparcamientos específicos.

Autobuses eléctricos

Respecto a la red de autobuses públicos que gestiona la EMT, la Empresa Municipal de Transportes, formada por 2.049 vehículos, el plan incluye el propósito genérico de avanzar en la electrificación de la flota. Se establece que uno de los indicadores de éxito de Madrid 360 será el aumento del porcentaje de autobuses eléctricos de la EMT, que actualmente, según los datos del propio proyecto, está en el 2%. 

Ya se ha tomado una primera medida en este sentido, incluida en el plan, aunque éste no esté formalmente aprobado: la creación de dos líneas de autobuses eléctricos gratuitos en el distrito Centro. Además, recientemente la EMT firmó un convenio de colaboración con la compañía distribuidora de Iberdrola, i-DE, con el objetivo de impulsar la electrificación del transporte público en Madrid, sin olvidar otras alternativas de movilidad eléctrica como las bicicletas, el ‘car-sharing’ y las motos eléctricas. 

Pero la EMT no es solo autobuses. Además, gestiona 290 aparcamientos, y el plan prevé impulsar la instalación de taquillas de distribución para e-commerce en los aparcamientos de EMT, además de usar parte de los aparcamientos gestionados por EMT en el distrito Centro como puntos de distribución urbana de mercancías. La introducción de criterios más estrictos de sostenibilidad en la distribución urbana de mercancías, en un contexto de crecimiento del comercio electrónico, es un reto pendiente para grandes ciudades como la capital. 

Madrid 360 es todavía un proyecto en construcción, como vino a decir recientemente en una comparecencia pública el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida. Por tanto, no es el momento de emitir una opinión contundente. Pero sí se puede ser categórico en la necesidad de que la capital mejore su calidad del aire, ya que Madrid ni Barcelona cumplen los rigurosos estándares que marca la Directiva 2008/50, con la consiguiente denuncia de la Comisión contra España en el Tribunal de Justicia de la UE.  La necesidad de políticas valientes y poliédricas, que tengan en cuenta las nuevas alternativas tecnológicas y eviten los simplismos de la baja política, es evidente.  

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